Llegue al monasterio porque me dijeron que acá encontraría a la salvación, una señora cuarentona llamada Silvia. Mi sueño me lo dijo. Y yo jure venir en cuanto saliera el sol. Lo escribí en mi mano como recordatorio para cuando me despertara, pues por lo general no recuerdo mis sueños más de diez minutos y también porque de verdad deseaba hacerlo. “ve al monasterio – fue los que escuchaba una y otra vez en mi mente. Encontraras a la salvación. Estoy seguro de que limpiaras tu cuerpo gracias a ella”. Entonces fue cuando me decidí ir y lo repetía en mi mente una y otra vez, y aun luego de despertarme seguía repitiéndolo en mi mente.
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